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La historia de las matemáticas en La Scuola

Un joven estudiante concentrado en una ficha de trabajo en el pupitre de un aula

Por Neelam Khanduri

En La Scuola, lo que distingue a nuestro programa de matemáticas es que no abordamos esta asignatura como una sucesión de temas aislados (como Álgebra 1 o Álgebra 2), sino como una forma de ayudar a los alumnos a comprender el mundo. Nos centramos menos en memorizar procedimientos y más en desarrollar la comprensión a través de patrones, la investigación y las conexiones con la vida real.

Este recorrido comienza en los primeros años, cuando los alumnos se acercan a las matemáticas de forma muy concreta y tangible, utilizando materiales cotidianos como alubias, pasta, lápices o bloques. Conceptos como los números y las fracciones se experimentan primero de forma física, luego se representan visualmente y, solo más tarde, se expresan de forma abstracta. De este modo, las matemáticas pasan de ser algo que pueden ver y tocar a algo que pueden representar simbólicamente.

A medida que los alumnos pasan a la educación secundaria, esa base evoluciona hacia un razonamiento y una aplicación más profundos. En mi clase, por ejemplo, cuando exploramos las relaciones lineales, los alumnos utilizaron herramientas dinámicas para investigar cómo cambian las gráficas. Un alumno se detuvo y dijo: «Ah… ahora tiene sentido», y empezó a explicar la idea a un compañero. A partir de ahí, elaboramos la fórmula juntos. Ese cambio —de la memorización a la construcción del conocimiento— es una parte fundamental de nuestro enfoque.

Además, relacionamos constantemente las matemáticas con contextos reales e inmediatos. Los alumnos pueden modelar el caudal de agua que sale de un grifo y representarlo gráficamente, explorar la pendiente a través de situaciones reales como los puntos de equilibrio, o utilizar la trigonometría para calcular la altura de un árbol, una canasta de baloncesto o un edificio. En ciencias, analizan relaciones como la frecuencia cardíaca en función del ejercicio, donde las matemáticas se convierten en el lenguaje utilizado para describir los patrones observados en fenómenos reales. De este modo, las matemáticas no son algo separado o abstracto, sino algo que los alumnos ven a su alrededor y utilizan para interpretar el mundo.

Otro aspecto importante que distingue a nuestro programa es la forma en que evaluamos el aprendizaje de los alumnos. Dentro del marco del PAI, los alumnos no son evaluados mediante un único tipo de evaluación centrada exclusivamente en los conocimientos. En su lugar, se someten a diversas evaluaciones que reflejan diferentes dimensiones de su aprendizaje.

Los alumnos demuestran:

  • Conocimiento y comprensión de conceptos
  • Habilidades de investigación, en las que exploran patrones, generalizan relaciones y elaboran fórmulas
  • La comunicación, en la que explican con claridad su forma de pensar y su razonamiento
  • Aplicación, en la que utilizan las matemáticas de forma significativa en contextos de la vida real

Esta variedad permite a los alumnos demostrar lo que han aprendido de múltiples formas y favorece un desarrollo más integral, en lugar de limitar el éxito a una única forma de expresión.

En todos los cursos, la progresión es intencionada:

  • Primeros años: exploración concreta y reconocimiento de patrones
  • Ciclo superior de primaria: representación y pensamiento estructurado
  • Educación secundaria: abstracción, modelización y aplicación al mundo real

Cuando los alumnos llegan a los últimos cursos, ya no se limitan a resolver problemas, sino que piensan de forma crítica, establecen conexiones y utilizan las matemáticas como herramienta para comprender el mundo.